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viernes, septiembre 17, 2021
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Pánico en las embajadas en Nueva Delhi ante la expansión del virus

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La inmunidad diplomática no sirve frente al virus. Ni siquiera ante las críticas. La pandemia sigue desatada en India y algunas embajadas en Nueva Delhi se han visto envueltas en polémica por intentar capearla a través de canales poco diplomáticos.

Ante la alarma por la aparición de casos en más de media docena de legaciones, la de Nueva Zelanda recurrió a Twitter para reclamar bombonas de oxígeno a las juventudes del Partido del Congreso, en la oposición.

Estas habrían satisfecho el llamamiento neozelandés, grabando la entrega, como habrían hecho ante la embajada de Filipinas, aunque luego esta ha asegurado no haber pedido ayuda.

La crítica velada al propio gobierno indio -desbordado- ha sido aprovechada por la oposición. Otros, en cambio, cargan contra el acaparamiento de oxígeno y el uso político de la epidemia.

Sin embargo, la primera ministra neozelandesa, Jacinda Ardern, ha querido quitarle hierro al asunto, señalando que sus diplomáticos ya han admitido que deberán seguir los cauces establecidos. Aunque ha añadido que uno de los empleados indios se encuentra grave en la embajada.

EE.UU. lidia con un centenar de casos entre su personal y Alemania ha optado por montar una clínica dentro de su legación

El caso es que ayer trascendía el primer fallecimiento de un diplomático en Nueva Delhi, el agregado de Defensa de Tanzania. Países como Tailandia preparan sus propias ambulancias aéreas o prevén embarcar a su personal en el vuelo de regreso de aviones con ayuda humanitaria. Muchos otros reconocen que el virus está haciendo mella en su personal.

La enorme embajada de EE.UU. convive con más de cien casos activos y dos de sus empleados indios han fallecido, según The Print. El mismo medio indio afirma que la de Alemania ha montado sus propias instalaciones médicas para tratar  a sus infectados y que ha vacunado a su personal con vacunas importadas.

Las legaciones de Suecia, Vietnam, Singapur, Israel, Bangladesh o Nepal, también reconocen estar afectadas. Otras descubren con  terror, desde el verde y aireado barrio diplomático de Chanakyapuri, que Nueva Delhi no ha previsto ningún trato preferencial para la comunidad diplomática -o periodística- en un país de 1.350 millones de habitantes. La denominada “diplomacia de las vacunas” no siempre se practica en casa.

Mientras tanto, India cruza hoy oficialmente la barrera de los veinte millones de casos, aunque la realidad multiplica varias veces dicha cifra. La condición de primer fabricante mundial de genéricos y de vacunas no ha resultado ser el blindaje que se esperaba. Tras convertirse en el primer foco mundial de coronavirus, Nueva Delhi se ha visto obligada a aceptar ayuda humanitaria internacional, terminando con más de dieciséis años de rechazo, en los que India ha querido demostrar, catástrofe tras catástrofe, que podía barrer su casa sola.

Estos días destaca, por ejemplo, la entrega por parte de Francia de ocho generadores de oxígeno, con un destino concreto (la mayoría, para Delhi), algo tabú hasta hace poco para el gobierno.

El confinamiento frena la escalada
India se acerca a los 3.500 muertos diarios, aunque en estados como Guyarat la cifra real multiplicaría por 8 a la oficial.  En Goa, la mitad de tests son positivos, pero el número de casos se estabiliza a escala nacional.

No en vano, en estados como Goa, más de la mitad de los tests son positivos. Y en otros como Guyarat, tierra del primer ministro Narendra Modi, hay una seria discrepancia entre los fallecimientos diarios reconocidos por Covid -más de 200- y las cremaciones en las que se siguen los protocolos para fallecidos por la covid, que son ocho veces más.

Tras quince días de confinamiento estricto en Nueva Delhi -y bastantes más en Bombay y otras ciudades- el número de casos parece haberse estabilizado, aunque podría ser consecuencia de que el domingo se hicieron muchos menos tests.

El número de muertes, en cualquier caso, se acerca ya a los 3.500 diarios y seguirá aumentando por lo menos hasta entrada la semana que viene.

Asimismo, en un hospital cerca de la tecnológica Bangalore, veinticuatro pacientes de la covid fallecieron ayer por falta de oxígeno. El sábado murieron doce más por el mismo motivo en una clínica de Delhi.

Auxilio en las redes
La escasez de camas en la UCI y el mercado negro de bombonas de oxígeno y medicinas han explotado en las redes en mensajes agonizantes de familiares de pacientes

Por las redes sociales de la capital india circulan solicitudes de ayuda desesperadas, procedentes de todas las clases sociales. La penuria de oxígeno afecta también a hospitales particularmente caros, en una ciudad en la que el 78% de las camas hospitalarias son privadas, por encima de la media india del 70%. Es este modelo sanitario, que es anterior a la llegada de Modi al poder, el que actualmente se encuentra bajo una tremenda presión.

India tiene una gran capacidad de producción de oxígeno,sin embargo parte del problema es la tercermundista red de transportes y distribución, con las fábricas concentradas en el sudeste, a miles de kilómetros de las urbes más afectadas en el noroeste.

Hasta ahora, el gobierno se resiste a decretar un confinamiento nacional, como el que, durante la primera ola, salvó al país de lo peor. Inesperadamente, es la propia patronal la que alienta al gobierno conservador “a reducir la actividad económica, para romper la cadena de contagios”.

India acaba de abrir la vacunación a toda la población adulta, pero no hay vacunas para todos.

Narendra Modi no puede con Bengala

La segunda ola de la pandemia confirma que la marea Modi, que cubrió India en el 2014, empieza a retroceder. Su partido, el BJP, contaba con medios ilimitados para arrebatar Bengala Occidental a la inimitable Mamata Banerjee. El propio Narendra Modi dio mítines masivos pese a las críticas. Pese a sus avances, Banerjee volverá a gobernar en Calcuta con el triple de escaños, tras un duro pulso que ha borrado al partido del Congreso y a los comunistas. Se demuestra que el BJP pierde pie en la periferia, por lo que apenas ha obtenido representación en Tamil Nadu –donde gobernará M.K. Stalin– y ha desaparecido en Kerala, donde repiten los comunistas. Su premio de consolación, conservar Asam

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