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LA GUERRA DE CASTAS: por qué AMLO pidió perdón al pueblo maya

La mayoría de los levantamientos indígenas fueron suprimidos casi de inmediato por el régimen, sin embargo, el que surgió en Yucatán en 1847 duró más de 50 años, a este periodo se le conoce como Guerra de Castas

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El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, este lunes pedirá perdón al pueblo maya por los agravios e intento de exterminio que sufrieron durante el periodo que se conoce como la Guerra de Castas.

“Vamos a estar el lunes en la conmemoración más que nada recordando a quienes fueron víctimas de la represión durante la Guerra de Castas.

Vamos a ofrecer perdón a los mayas en lo que era Chan Santa Cruz, el sitio sagrado de la Cruz Parlante, la cruz que enviaba avisos, mensajes, a través de escuchas, advirtiendo sobre el peligro y protegiendo a los mayas que se resistían al exterminio, a la dominación. Entones, ahora se llama ahí Felipe Carrillo Puerto lo que era Chan Santa Cruz.

Entonces, el lunes 3 de mayo vamos a llevar a cabo la ceremonia de perdón. Nos va a acompañar el presidente de la República hermana, vecina, de Guatemala”, señaló el mandatario en su conferencia del pasado miércoles.

Foto: Presidencia de México

Qué es la Guerra de Castas y por qué López Obrador pedirá perdón al pueblo maya

Desde la Conquista de los españoles, y a través de los siglos, los pueblos originarios han sido relegados, explotados y desplazados de sus territorios. No obstante, hubo grupos que se levantaron constantemente en contra de estos abusos.

La mayoría de los levantamientos fueron suprimidos casi de inmediato por el régimen, sin embargo, el que surgió en Yucatán en 1847 duró más de 50 años, a este periodo se le conoce como Guerra de Castas.

La Guerra de Castas es un movimiento y lucha social indígena del pueblo maya, que inició en el sur y oriente de Yucatán en julio de 1847 contra la población de “blancos” (criollos y mestizos), que se encontraba mayoritariamente establecida en la porción nor-occidental de la península de Yucatán.

Muchos mayas de la península de Yucatán, México, aún visten, cocinan y viven de una manera tradicional (Foto: AP)
Muchos mayas de la península de Yucatán, México, aún visten, cocinan y viven de una manera tradicional (Foto: AP)

La guerra, que costó cerca de un cuarto de millón de vidas humanas, terminó oficialmente en 1901 con la ocupación de la capital maya de Chan Santa Cruz por parte de las tropas del ejército federal mexicano.

En los primeros años de la guerra se planteó la división de Yucatán en dos países distintos: uno de mexicanos y otro de indios insurrectos, medida en la que tuvo gran interés Inglaterra, al grado de que se comprometió a negociar con los rebeldes el abandono de las armas y su inserción al trabajo. Los ingleses proporcionaron armas y recursos a los mayas a cambio de madera de “palo de tinte”.

Estados Unidos también estuvo interesado, aunque con el único objetivo de establecer un imperio esclavista en el Caribe, además de no permitir la entrada de ingleses al continente.

Como uno de los últimos acontecimientos de la guerra la ciudad de Bacalar permaneció en poder de los mayas hasta mayo de 1901, en que fue recuperada por tropas del gobierno federal. Los soldados no dispararon un solo tiro, porque los indígenas huyeron para internarse en las selvas, donde formaron nuevas aldeas.

El descubrimiento de un naufragio hace 165 años, reveló la terrible historia de decenas de mayas que fueron esclavizados

A dos millas náuticas (3.7 km) del puerto yucateco de Sisal, una historia poco conocida resurge gracias al trabajo de expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quienes como resultado de un trienio de investigación han identificado al vapor “La Unión”, el primer barco que hoy se sabe fue usado para el tráfico de esclavos mayas.

Para los investigadores de la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del INAH, el descubrimiento es de singular relevancia ya que, más allá de lo complejo que es identificar ‘con nombre y apellido’ a un pecio, este habla de un pasado ominoso para México, el cual debe reconocerse y estudiarse en función de su contexto y época.

Lo anterior adquiere mayor sentido al evocar que, si bien la esclavitud estaba prohibida desde la Independencia, y no obstante que el 6 de mayo de 1861, el presidente Benito Juárez emitió un decreto para impedir la extracción forzada de cualquier individuo maya, el incendio que el 19 septiembre de ese mismo año causó el hundimiento del vapor en su camino a Cuba, demostró que la esclavitud continuaba sin obedecer ley alguna.

En el marco de la campaña “Contigo en la Distancia”, de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, la arqueóloga subacuática Helena Barba Meinecke, responsable de la oficina Península de Yucatán de la SAS, comenta que esta investigación, desarrollada con apoyo del director del Centro INAH Yucatán, antropólogo Eduardo López Calzada, y del subdirector de Arqueología Subacuática del INAH, doctor Roberto Junco Sánchez, es de relevancia internacional dado que hasta hoy no se había documentado una embarcación que traficara personas mayas.

En los últimos años se han descubierto otros naufragios esclavistas: las naves “Clotilda” y “Henrietta Marie”, en Alabama y Florida, respectivamente; el “Trovador”, en República Dominicana; y el “San José”, en Ciudad del Cabo, Sudáfrica; pero todos eran lo que se conocía como ‘barcos negreros’, aquellos que por más de 400 años sustrajeron personas de África para venderlas en el continente americano.

El pecio “La Unión” se localizó arqueológicamente en 2017, en el marco del Proyecto Integral para la Protección, Conservación, Investigación y Difusión del Patrimonio Cultural Subacuático de la SAS, en coordinación con el Centro INAH Yucatán y los habitantes de la región; ese año, se ubicaron los remanentes de un barco inicialmente nombrado “Adalio”, en homenaje al abuelo del pescador Juan Diego Esquivel, quien guió a los arqueólogos al sitio.

El vapor “La Unión” perteneció a la empresa española Zangroniz Hermanos y Compañía, establecida en 1854 en La Habana, la cual, un año después, fue autorizada para comerciar en México, realizando travesías entre Sisal, Campeche, Veracruz y Tampico.

Usualmente llevaba a Cuba pasajeros de primera, segunda y tercera clase, junto con mercancía, como fibras de henequén, cueros curtidos, palo de tinte y pieles de venado. No obstante, sus mandos también estaban en contubernio con los esclavistas, quienes introducían en pequeños e insalubres espacios a los mayas que capturaban o engañaban.

Un año antes de su hundimiento, en octubre de 1860, el vapor había sido sorprendido en Campeche cargando 29 mayas, entre ellos niños y niñas de 7 y 10 años, pero el escarnio no acabó con el contrabando de “La Unión”.

Fue hasta después de aquel trágico 19 de septiembre, en cuyo naufragio falleció la mitad de los 80 tripulantes y 60 pasajeros, que el gobierno mexicano puso mayor atención en los cateos en los puertos, a fin de impedir el tráfico de personas en las rutas hacia Cuba. Cabe subrayar que las cifras anteriores no cuentan a los esclavos mayas, pues estos no eran considerados personas sino mercancías.

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