Rosa María Segovia Puc, artesana de José María Morelos, con más de 30 años de experiencia, resalta la importancia de aprender y preservar las técnicas tradicionales en la elaboración de hamacas, un oficio esencial en la Zona Maya de Quintana Roo.
Desde que comenzó a urdir a los 34 años, Rosa María ha visto cómo el oficio se moderniza, pero también cómo la tradición sigue siendo el corazón de su trabajo.
“Aprendí a urdir, pero ahora también estoy aprendiendo técnicas de bordado y el uso de la plumilla para hacer hamacas más detalladas”, comenta.
El apoyo institucional también permite a los artesanos valorar mejor su trabajo, lo que ayuda a fijar precios justos en un mercado donde, según, los productos similares a menudo se venden a precios bajos que no reflejan la calidad y el esfuerzo invertido.
“A veces nos ofrecen precios muy bajos por nuestras hamacas, pero ahora sabemos lo que valen”, dice con firmeza.
Además de las hamacas, los artesanos han diversificado su oferta con productos como tendederos y medallones, lo que les ha permitido adaptarse a nuevas demandas. Sin embargo, el proceso de fabricación sigue siendo arduo: cada hamaca puede tardar hasta tres meses en completarse.
La preservación de estas técnicas no solo asegura la viabilidad económica de los artesanos, sino también el legado cultural de la región, demostrando que las tradiciones pueden prosperar en un contexto moderno con el apoyo adecuado.









