Dalio Natanael Vera, jornalero de la comunidad de Nueva Reforma, Quintana Roo, sufrió un grave accidente mientras trabajaba en su parcela. Cayó de una escalera y se fracturó la pierna.
Este hecho marcó el inicio de un difícil recorrido por varios hospitales sin éxito, hasta llegar a Mérida, Yucatán, donde finalmente fue operado.
“Se me quebró la pierna y no había quien me atendiera. Fui a Morelos, luego a Chetumal, y allá me dijeron que no se podía hacer nada. Tuve que ir hasta Mérida, donde me atendieron en la Cruz Roja”, cuenta Dalio.
La cirugía tuvo un costo cercano a los $50,000 pesos. Para costearla, Dale perdió su terreno y hoy vive con una deuda de $30,000 pesos. Ya no puede trabajar ni generar ingresos. Antes del accidente, realizaba trabajos de jornal en el campo: chapear, fumigar o cosechar.
“Ahora no tengo ni para la papa. No puedo trabajar y tengo que venir a mi terapia. Todo lo poco que tenemos lo aporta mi esposa con chambitas”, lamenta.
La falta de hospitales equipados en la región obligó a su traslado a Mérida. “En Chetumal no hay forma de que te operen. Uno se siente abandonado, como si nuestra vida no valiera por ser campesinos”, afirma.
Dale tiene tres hijos y teme no poder salir adelante. Su historia es testimonio de la precariedad médica en el estado de Quintana Roo y la vulnerabilidad de miles de trabajadores del campo ante una emergencia.
“Si no me endeudo, me quedo tirado”, dice. “Imagínese morirme con esta cosa. Solo Dios sabe cómo saldremos de esto”.








