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PERDÍ MI TERRENO PARA PODER CAMINAR: la historia de un jornalero de José María Morelos

Dalio Natanael Vera, jornalero de la comunidad de Nueva Reforma, Quintana Roo, sufrió un grave accidente mientras trabajaba en su parcela. Cayó de una escalera y se fracturó la pierna.

Este hecho marcó el inicio de un difícil recorrido por varios hospitales sin éxito, hasta llegar a Mérida, Yucatán, donde finalmente fue operado.

“Se me quebró la pierna y no había quien me atendiera. Fui a Morelos, luego a Chetumal, y allá me dijeron que no se podía hacer nada. Tuve que ir hasta Mérida, donde me atendieron en la Cruz Roja”, cuenta Dalio.

La cirugía tuvo un costo cercano a los $50,000 pesos. Para costearla, Dale perdió su terreno y hoy vive con una deuda de $30,000 pesos. Ya no puede trabajar ni generar ingresos. Antes del accidente, realizaba trabajos de jornal en el campo: chapear, fumigar o cosechar.

“Ahora no tengo ni para la papa. No puedo trabajar y tengo que venir a mi terapia. Todo lo poco que tenemos lo aporta mi esposa con chambitas”, lamenta.

La falta de hospitales equipados en la región obligó a su traslado a Mérida. “En Chetumal no hay forma de que te operen. Uno se siente abandonado, como si nuestra vida no valiera por ser campesinos”, afirma.

Dale tiene tres hijos y teme no poder salir adelante. Su historia es testimonio de la precariedad médica en el estado de Quintana Roo y la vulnerabilidad de miles de trabajadores del campo ante una emergencia.

“Si no me endeudo, me quedo tirado”, dice. “Imagínese morirme con esta cosa. Solo Dios sabe cómo saldremos de esto”.

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