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No es solo el pozole: la vida en la milpa detrás de 80 años de fortaleza

Jose Maria Morelos — Don Eladio Vázquez Martín hace unos días cumplió 80 años y su condición física sorprende. Se mueve con firmeza, habla con claridad y mantiene la rutina que aprendió desde joven en el campo.

Para él, el pozole no es un secreto mágico de longevidad, sino parte de una forma de vida que comienza antes del amanecer.

Desde los 15 años, cuando empezó a trabajar en la milpa, Don Eladio adoptó la costumbre que le enseñó su padre: madrugar, preparar su pozole y llevarlo consigo al campo.

A las cuatro de la mañana ya está en pie, moliendo la masa, formando la bola y sirviéndose la bebida en su jícara, acompañada únicamente de sal y chile verde.

“Así me acostumbré en la milpa”, explica. No había agua disponible, por lo que cargaba su líquido en calabazo, una práctica común entre los campesinos antiguos que hoy ha sido sustituida por termos, refrescos y golosinas.

Don Eladio es claro al señalar que no se trata únicamente de lo que se toma, sino de cómo se vive. El trabajo diario en el campo, la alimentación sencilla y el esfuerzo físico constante forman parte de una rutina que, asegura, le ha permitido llegar fuerte a esta etapa de su vida.

“La milpa es ejercicio”, dice, mientras compara su condición con la de personas más jóvenes que ya padecen dolores y limitaciones.

Reconoce que muchas de estas costumbres se están perdiendo con el paso del tiempo y advierte que el abandono de hábitos tradicionales también tiene consecuencias en la salud.

Para él, el pozole representa identidad, disciplina y continuidad, no una receta milagrosa.

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