En el municipio de José María Morelos, los campesinos enfrentan grandes desafíos para mantener la producción de maíz nativo, esencial para la alimentación de sus familias. Desde el inicio de cada año, los agricultores de la Zona Maya, como Miguel Ku Balam, se preparan con las Cabañuelas, un sistema ancestral que les permite prever las lluvias y planificar las siembras. Sin embargo, el cambio climático y la proliferación de plagas como el gusano cogollero complican cada vez más la agricultura local.
“El gusano cogollero afectó gravemente nuestras cosechas el año pasado. Perdimos hasta el 50% de la producción por no poder controlarlo a tiempo”, cuenta el campesino. Las lluvias erráticas y el aumento de temperaturas han alterado los ciclos agrícolas tradicionales, dificultando el cultivo del maíz, base de la dieta en las comunidades mayas de la región.
A pesar de estos obstáculos, los campesinos de José María Morelos siguen apostando por el maíz nativo. Variedades como el Nuuk Nal amarillo y el maíz morado, que han resistido mejor los embates del clima y las plagas, son esenciales para el autoconsumo. “El maíz nativo es más resistente, y además, es lo que comemos. No dependemos del maíz híbrido, que es más caro y no nos sirve para la alimentación familiar”, explica.
Sin embargo, el apoyo institucional para este tipo de cultivos es limitado. La mayoría de los recursos gubernamentales se destinan a la mecanización agrícola y los sistemas de riego, dejando de lado a los pequeños productores que cultivan de manera tradicional.
Frente a estos desafíos, los campesinos han optado por soluciones naturales, como el uso de tabaco y caldo de ceniza para controlar el gusano cogollero. Además, están dispuestos a compartir sus conocimientos a través de talleres para que otros productores aprendan a enfrentar las adversidades.
“Estamos listos para apoyar a los demás sin esperar nada a cambio. Lo importante es mantener nuestra tradición y asegurar el alimento para nuestras familias”, concluye Miguel.








