En el centro de la Zona Maya, una de las tradiciones más arraigadas, la de los palqueros, se encuentra en un momento crítico. Esta labor, que consiste en montar los palcos para los asistentes a las corridas de toros, ha sido una parte fundamental de la vida de muchas familias, como la de Simón, quien sigue trabajando en el gremio a sus 66 años.
Don Simón Tuyub heredó este oficio de su padre, Don Cristóbal Tuyúb Magaña, quien fue uno de los palqueros más respetados del municipio. Recuerda que desde la edad de 4 o 5 años, comenzó a ayudar a su padre a montar los palcos en las antiguas corridas que se celebraban frente a la casa de Don Miguel Hernández.
“Mi padre y yo comenzamos amarrando palcos, y de ahí nunca hemos parado. Fue una tradición que nos enseñó él y que seguimos con mi familia”, explica. Con el paso del tiempo, la actividad se fue transformando. Antes, las corridas eran eventos populares que atraían multitudes, pero en los últimos años, la participación ha disminuido considerablemente.
“El ambiente antes era diferente. La gente se reunía desde la 1 p.m., compraba agua, jugos, helados y todo se vendía. Ahora, las corridas se hacen de noche y ya no es lo mismo. La gente ya no tiene el mismo interés”, lamenta don Simón.
Además de la caída en la asistencia, los altos costos y la reubicación de los eventos han afectado directamente la venta de palcos. “La unidad en el gremio se está perdiendo. Los palqueros ya no se agrupan como antes. Los precios suben y la gente ya no viene como antes”, añade.
Otro factor crucial que afecta a las corridas es la reciente legislación sobre el bienestar animal, que ha restringido la realización de estas actividades en varias partes del país.
Simón, junto a otros palqueros, lucha por preservar la tradición, aunque es consciente de los obstáculos legales. “Si las leyes cambian, ojalá podamos volver a lo de antes. Mis hijos y nietos están acostumbrados a esta tradición, no quiero que se pierda”, afirma con determinación.
A pesar de los desafíos, Simón mantiene la esperanza. La fe en el Niño Dios, a quien dedica las festividades, sigue siendo un motor de su vida y de su compromiso con la tradición. “Es algo que hago con devoción. Todos los años le ofrezco mi trabajo con gusto”, concluye, confiado en que, con esfuerzo y unidad, la tradición de los palqueros podrá sobrevivir.








