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José María Morelos
EntretenimientoLa diferencia entre perseverancia y necedad en los negocios

La diferencia entre perseverancia y necedad en los negocios

Una de las preguntas que más se repiten en mi despacho de consultoría gira en torno a cuándo debemos continuar esperanzados y cuándo nos debemos rendir. Es difícil contestar y, por supuesto, cada caso es distinto, pero en general, la respuesta estratégica siempre se dirige a entender la diferencia que hay entre la perseverancia y la necedad. El mundo de los negocios es un entorno en el que la paciencia es un elemento indefectible, el que se desespera pierde. Hay que darle tiempo al tiempo. Hay que ser tenaz y esperar el periodo de maduración antes de la cosecha. No obstante, la pregunta es pertinente. ¿Cuánto tiempo debo aguantar antes de despedir a un empleado, de abandonar un proyecto que no da resultados, de seguir en un negocio que no reporta utilidades?

No hay respuestas fáciles y quienes pretenden dar fórmulas sencillas me hacen sospechar. Pero, para encontrar luz, hay que clarificar los conceptos. La perseverancia es el reflejo de una virtud en ejercicio que revela firmeza y constancia en la manera de ser y obrar. La necedad por el contrario es la demostración de poca inteligencia y lleva a continuar con una forma de actuar desacertada. Un perseverante se acerca a la meta, un necio se aleja.

El universo deportivo tiene muchas similitudes con el mundo de los negocios. De hecho, los deportes son un gran filón de oportunidades para desarrollar actividades comerciales. Recientemente, el caso de Novak Djokovic causó revuelo en el mundo del tenis por la controversia que se generó en torno a su esquema de vacunación, las reglas de la Asociación de Tenistas Profesionales y las leyes federales de Australia que terminó en la deportación del jugador número uno del mundo. Las opiniones se polarizaron. Hubo muchos elementos que se mezclaron en el caso.

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Para cuando el mundo se enteró de que Djokovic había sufrido un segundo ataque de coronavirus, su lucha por quedarse y jugar al tenis en Melbourne se había convertido en un fiasco terriblemente confuso y polarizador. El actual primer ministro de Australia, Scott Morrison, cuya coalición conservadora está rezagada en las encuestas de opinión mientras se enfrenta a las elecciones federales de este año, declaró que defendería las fronteras de su nación y no toleraría privilegios excepcionales para una estrella internacional. Morrison declaró: “si no está vacunado, debe proporcionar pruebas aceptables de que no puede ser vacunado por razones médicas. . . . Si esa evidencia es insuficiente, entonces no será tratado de manera diferente a nadie más y estará en el próximo avión de regreso a casa, no debería haber reglas especiales para Novak Djokovic” y lo cumplió.

El tenista ha declarado que no está a favor de las vacunas, ahora hay noticias de que está invirtiendo en una empresa de BioTech para atacar el Covid-19. Y toda una maraña que nos lleva a pensar si Novak debe considerar el cambio de su postura o si debe perseverar en su posición. Seguir o cambiar.

Claro que estos escándalos afectan la marca Djokovic. Eso hace que menos se entienda la postura del tenista. Por ejemplo, Tiago Montero que es un jugador brasileño se vacunó en tiempo y forma porque sabe las reglas del juego y no busca doblarlas. Un problema para Montero similar al de Djokovic le implicaría perdida de ranking en la Asociación de Tenistas Profesionales y no aparecer en la primera ronda del Abierto de Australia le representaría pérdidas por cientos de miles de dólares. Tiago está clasificado alrededor del sitio ochenta, imagínense lo que eso significa para el número uno.

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No entiendo las razones de Novak Djokovic y entiendo las del gobierno australiano que busca que el suelo sea parejo, con independencia de fama y fortuna. Pero, como dice el célebre escritor George Orwell: unos son más iguales que otro. De repente, parecía que se le habían dado ciertos privilegios al jugador y que podría jugar. Se le vio entrenando en la cancha Rod Laver, él mismo subió la foto y videos de sus calentamientos a sus redes sociales —así nos enteramos de que ya había sido dispensado de su resguardo en un hotel para refugiados— y creímos que, por una o varias razones, había logrado conseguir el visado que le permitiría jugar en el torneo.

En términos personales, todos tenemos derecho a sostener una postura en la que nosotros creemos. En el terreno profesional, también, no hay duda. No obstante, siempre nos tenemos que preguntar si nuestra postura nos acerca o nos aleja de la meta y así sabremos si estamos siendo perseverantes o necios. En el ejemplo del tenista, los resultados ponen a Novak lejos de la perseverancia. Él conocía las reglas del juego, debió estar al tanto —él o su equipo legal— de los requerimientos para entrar a Australia para jugar al torneo y saber que si era deportado por no cumplirlas, no tendría permiso para regresar en los siguientes tres años.

Por supuesto, la situación se vuelve comprometida. Los puntos del torneo le harán falta para conservar su posición de número uno en el ranking de la ATP, lo cual afecta sus ingresos por contratos con las marcas a las que representa. Es decir, su postura lo aleja de la meta. Así como sucede con Djokovic, sucede con muchas situaciones en la vida profesional. Falla el análisis estratégico. Nos falta mirar al entorno para darnos cuenta si nuestras apreciaciones son correctas y cometimos algún error de juicio, si debemos variar para corregir o si hay que recomponer el rumbo.

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Para ello, empresarios, emprendedores y profesionales deben dejar de mirarse el ombligo. Hay que atender las señales del mercado y aprender a interpretarlas. Hay proyectos que nacen muertos, pero son muy pocos. Por lo general, basta con hacer algunas modificaciones. Es una necedad seguir avanzando por el mal camino, eso sí. La diferencia entre la virtud de la perseverancia y el vicio de ser necio es difícil de vislumbrar porque ambos conceptos corren por los mismos rieles. Pero si ponemos atención, nos daremos cuenta de que esos vagones corren en direcciones opuestas: una nos acerca al éxito y la otra al fracaso

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