En José María Morelos, una tradición centenaria está desapareciendo. La albarrada, una cerca hecha de piedras apiladas sin material adicional, fue por años un oficio y símbolo de la comunidad. Sin embargo, hoy en día, pocos se dedican a esta labor, y la costumbre ha quedado en el olvido.
Maximiliano Hoil Tilan, uno de los últimos artesanos de este oficio, recuerda cómo, junto a su abuelo Don Pato, construyeron muchas albarradas. “Hace 15 años era común, pero hoy ya nadie lo hace. La tradición se ha perdido”, lamenta.
Además de ser una forma de trabajo, la albarrada era una fuente de empleo para las familias. “Era una manera de generar ingresos para las familias morelenses. Cada uno de nosotros vivía de esto”, explica Maximiliano.
El auge de materiales más accesibles como bloques de concreto ha reemplazado a la albarrada. “La gente ahora prefiere las bardas de cemento, más fáciles y rápidas de hacer”, señala.
A esto se suma el crecimiento del municipio, con la llegada de personas de otras regiones que no tienen esa tradición. “Los nuevos habitantes no conocen el oficio. Para ellos, el concreto es más práctico”, agrega.
Aunque la albarrada se pierde, otras tradiciones como las novenas aún se mantienen vivas en el pueblo. Sin embargo, el futuro de este oficio parece incierto, atrapado entre la modernidad y el olvido.








