José maría Morelos.– Hoy, en numerosas comunidades mayas de Yucatán, se marca el día en que las ánimas regresan al más allá y se da por concluido el periodo del Hanal Pixán.
Sin embargo, este cierre tradicional se vive cada vez con menor fuerza. Así lo explica Fernando Sánchez May, de 74 años, quien lamenta que la despedida de los difuntos ya no se realiza como antes.
“Hoy es cuando se van las ánimas, pero muy poca gente lo recuerda”, comenta.
Antiguamente, la jornada se acompañaba de rezos, atole nuevo, chocolate y el último encendido de velas en los altares. Para muchas familias, este día era tan importante como el propio 1 de noviembre, pues simbolizaba el retorno de los espíritus a su camino.
Sánchez May recuerda que antes todas las casas marcaban esta fecha con respeto. Algunas familias concluían a los ocho o quince días después del inicio de la festividad, pero siempre con un cierre ritual claro.
“La gente grande sabía cómo se hacía: se despedía a las ánimas como se debe”, afirma.
Hoy, en cambio, el panorama es otro. La modernidad, el desinterés de los jóvenes, la influencia de otras religiones y costumbres ajenas —como Halloween— han llevado a que muchas familias ya no realicen este último acto ceremonial. “Hay muchas casas que no hacen nada”, lamenta.
El entrevistado recuerda también que noviembre solía ser un mes completo de respeto a las almas, lo que impedía adelantar adornos navideños. Ahora, dice, incluso antes de que las ánimas se marchen, ya hay hogares decorados desde octubre.
Aun así, en algunas comunidades rurales, donde la tecnología y las nuevas prácticas tardan más en llegar, la tradición persiste. Allí, hoy siguen despidiendo a los difuntos con rezos, velas y alimentos, como se ha hecho durante generaciones.
“Hoy se van”, concluye Sánchez May, “pero cada vez menos gente se acuerda de despedirlos”.









