José María Morelos .— Cada diciembre, las celebraciones con pirotecnia y voladores provocan un fenómeno recurrente: el estrés extremo en perros, especialmente en los de raza pequeña, que muchas veces termina en extravío o incluso muerte.
La médica veterinaria Leslie Castillo Paredes explica que los perros sienten pánico ante el ruido de los cohetes y los voladores.
“Antes los voladores sonaban normal, pero este año el sonido es más fuerte. Hasta a mí me asusta, imagínate a los perros. Muchos se esconden bajo la cama o huyen y no los pueden localizar. Sí ha habido casos de muerte, sobre todo en chihuahuas”, comenta.
Durante las peregrinaciones, algunos dueños llevan a sus mascotas, lo que aumenta los riesgos.
“Cada año vemos perros amarrados o andando por la Basílica o otros lugares. Es terrible, es maltrato animal. Un perro conoce su casa; si lo llevan tan lejos, ¿cómo va a regresar?”, lamenta la veterinaria.
Para protegerlos, Castillo Paredes recomienda vendaje Tellington, que envuelve al perro simulando un abrazo, y música clásica en un cuarto cerrado, para disminuir el impacto del ruido. Añade que identificar y mantener seguros a los perros es esencial durante estas fechas.
“Los voladores forman parte de nuestra cultura, pero debemos aprender a convivir con ellos sin poner en riesgo a los animales.
El fenómeno del perro peregrino refleja un problema más amplio: la necesidad de cuidar a quienes dependen de nosotros”, concluye.








