José María Morelos. — Tras el cierre de las festividades de finados, Felipe Cab Puc, habitante de La Presumida, recordó con nostalgia cómo antes estas fechas se vivían con juegos y tradiciones que hoy casi han desaparecido.
“Antes, los niños jugaban timbomba, canicas y trompos mientras los adultos rezaban y limpiaban sus casas y terrenos”, comentó. “Ahora ni siquiera las tiendas venden trompos o canicas; la tecnología nos ha rebasado demasiado”.
Señaló que esta transformación va más allá de los juegos: también se ha perdido la costumbre de mantener limpias las casas y los espacios públicos.
“Se acabó el civismo y la conciencia comunitaria. Hoy los jóvenes pasan más tiempo en redes sociales que participando en actividades positivas”, lamentó.
Asimismo, las celebraciones de finados han cambiado. Las tradicionales reuniones familiares, los dulces y los juegos ya no se ven; en su lugar, muchas familias optan por Halloween y otras prácticas ajenas a la tradición local.
Para Felipe, recuperar estas costumbres depende de la iniciativa de los padres y de la comunidad: “No es tarea del gobierno, sino de nosotros regresar a lo que era bueno y tradicional”.
La desaparición de estos juegos y tradiciones no solo marca un cambio en la manera de divertirse, sino que también refleja la pérdida de identidad cultural y valores que antes unían a toda la comunidad.









