José María Morelos, Q. Roo. – La figura del matrimonio atraviesa una profunda crisis. Lejos de los ideales de unidad y estabilidad, hoy muchas parejas enfrentan conflictos constantes, desconfianza, falta de diálogo y abandono emocional, en medio de un entorno saturado por adicciones, violencia, erotización temprana y redes sociales que distorsionan el vínculo familiar.
Esta es la dura realidad que se vive en los hogares de la región, según advierte Guadalupe Gómez Fuentes, Secretaria Ejecutiva de la Pastoral Familiar Diocesana de Chetumal-Cancún.
“Muchas familias están heridas, desbaratadas. Hay parejas que no saben cómo comunicarse, cómo resolver conflictos sin lastimarse, y eso lo aprenden también los hijos. Lo que se vive en casa repercute directamente en la sociedad”, expresó Gómez Fuentes.
Según la pastoral, los problemas conyugales actuales no solo son más frecuentes, sino que se han agudizado por heridas emocionales no resueltas que muchos arrastran desde la infancia.
La crisis matrimonial afecta directamente a los hijos, quienes crecen en ambientes tensos, fragmentados o sin guía afectiva. Esto deriva en conductas de riesgo, desorientación emocional y una sociedad cada vez más fracturada.
“Cuando el matrimonio se enferma, se enferma también el entorno”, reiteran desde la pastoral.
En respuesta a esta realidad, la Diócesis llevará a cabo el Segundo Congreso Diocesano para las Familias este sábado 11 de octubre en la iglesia loca de la cabecera municipal, con actividades dirigidas a matrimonios, madres solteras, viudos, personas divorciadas y familias en general.
Habrá charlas, oración y acompañamiento espiritual con el objetivo de ofrecer herramientas prácticas para sanar relaciones, fortalecer la fe y reconstruir el tejido familiar desde sus raíces.









