El personal de bacheo, como Jorge Alfredo Cabrera Naal, trabaja día a día bajo el sol reparando calles dañadas, pero no es solo el esfuerzo físico lo que complica su labor.
Uno de los mayores obstáculos, según cuenta, es el constante vertido de aguas residuales por parte de vecinos y comercios.
“Estamos bacheando y de repente alguien suelta agua de lavado o de un lavadero de carros. El material ya no sirve y hay que regresar otro día”, explica Jorge, quien lleva más de cuatro años en el área.
Aunque el trabajo implica desgaste físico y condiciones exigentes, el problema de las aguas mal manejadas afecta directamente la calidad y duración de las reparaciones.
El agua jabonosa o con residuos impide que el asfalto se fije correctamente y provoca que los baches reaparezcan en poco tiempo.
A pesar de que estas prácticas están prohibidas, la falta de regulación y de cultura cívica complica la labor de los trabajadores. “No todos entienden que su agua termina dañando la calle”, dice Jorge.
El llamado es a la colaboración: evitar tirar agua a la calle no solo ayuda a conservar las vialidades, también respeta el trabajo de quienes las mantienen.








