Durante su visita a la cabecera municipal de José María Morelos, Marco Poot Cherrez, afilador de oficio, compartió con K50Noticias su experiencia y visión sobre un oficio que ha pasado de generación en generación en su familia.
Poot Cherrez, quien se dedica a afilar machetes, coas y tijeras, señaló que “la nueva generación ya viene andando con bicicleta y motorcitos, pero ya no es lo mismo. Lo original son las máquinas pedaleadas de aquellos años, que aún tenemos en la casa”, destacó, haciendo referencia a la tradición que ha caracterizado su oficio desde tiempos de sus abuelos.
“Somos 42 afiladores en varios lados, hay algunos en Campeche, otros en Mérida. Yo vengo aprendiendo de uno de mis primos, que lleva ya casi 50 años en esto”, contó, recordando cómo este arte se ha transmitido dentro de su familia.
El afilado no es una tarea sencilla. “Es como la tijera, la tijera tiene su chiste para arreglarla. No es solo pasarlo a la máquina. No es lo mismo afilar un machete, una coa o un hacha, a afilar unas tijeras”, explicó Poot Cherrez, quien también resaltó que no todos los afiladores tienen la habilidad de trabajar con tijeras, pues requieren un toque especial y mucha precisión.
A pesar de los avances tecnológicos y la modernización de los métodos de trabajo, el oficio sigue vigente, aunque con desafíos. “Ahorita ya hay mucha gente, y con solo un poco de desconocimiento, se pueden quemar las herramientas rápidamente, porque los materiales ya no son como antes, ya no es aluminio, ahora son otros metales más difíciles de tratar”, dijo.
En un mundo que avanza rápidamente hacia la automatización, el trabajo de afilador sigue siendo una práctica artesanal que, como la historia misma, se transmite de generación en generación.








