Casi un año después de la tragedia que marcó su vida, Feliciano Benítez Castillo sigue esperando justicia. En febrero de 2024, ocho de sus borregos fueron brutalmente atacados y asesinados por perros de otro vecino, un hecho que le causó una gran pérdida económica y emocional.
A pesar de haber presentado la denuncia ante el Ministerio Público, Benítez aún no ha recibido respuesta. Relata con impotencia que, tras el ataque, intentó llegar a un acuerdo con el dueño de los perros responsables, pero este se ha negado a asumir la culpa.
“La autoridad me dijo que no pueden meter a los perros a la cárcel. ¿Qué hago yo con eso?”, cuestiona Benítez, quien ha quedado atrapado en un vacío legal donde el dueño de los animales no responde y las autoridades no actúan.
Con el paso de los meses, la frustración crece. Benítez teme que, en el futuro, si sus propios perros causan algún daño, será él quien enfrente las consecuencias. “Si me demandan, ¿quién responde por lo que me hicieron a mí?”, expresa, reflejando su sensación de desamparo.
A pesar de su frustración, Feliciano mantiene la esperanza de que, de alguna manera, la justicia llegará. “Dios hará justicia. No hay ricos ni pobres para Él”, asegura.
A través de su experiencia, hace un llamado a la comunidad: “Exhorto a la gente a mantener a sus perros dentro de su propiedad. Está bien tenerlos para cuidar la casa, pero no los suelten en la calle. Es peligroso para todos”. Su mensaje es un llamado de alerta, para evitar que otros sufran lo mismo que él.




















