Para Mario Marmolejo Martínez, el béisbol no solo es un deporte, es una forma de vida. Originario de San Luis Río Colorado, Sonora, y hoy residente en José María Morelos, Quintana Roo, Marmolejo ha vivido en carne propia cómo se juega y se vive el béisbol en dos regiones muy distintas de México.
“En Sonora, se duerme, se come y se despierta pensando en béisbol”, afirma. Ahí, desde edades tempranas, niños y jóvenes se forman en escuelitas estructuradas, con entrenadores capacitados y ligas competitivas.
Las ligas de Primera Fuerza reúnen hasta 18 equipos, y son comunes los tryouts donde buscadores profesionales reclutan nuevos talentos.
En contraste, Marmolejo destaca que Quintana Roo tiene menos infraestructura, pero no por eso menos pasión. “Aquí hay disciplina y muchas ganas de aprender”, dice.
Reconoce el esfuerzo de entrenadores y padres de familia que, con menos recursos, fomentan el deporte como una herramienta para alejar a los jóvenes de los malos caminos.
En José María Morelos, su hijo Iván Marmolejo —ex pelotero profesional— lidera una escuela de béisbol que busca formar no solo atletas, sino ciudadanos responsables.
“En Sonora hay más apoyos, sí, pero aquí me han tratado bien y me siento agradecido”, comenta Mario, quien además ha sido ampáyer en ambas regiones.
Su mensaje final es claro: “El deporte es fundamental, pero nunca debe ir separado del estudio. Sin eso, los jóvenes se pierden”.
Para Mario Marmolejo, el diamante es más que tierra y bases: es un espacio donde se construyen sueños, se forman valores y se unen generaciones.








