El respaldo financiero de grandes corporaciones, como Coca-Cola, a la campaña presidencial de Donald Trump en 2025 provocó un fuerte rechazo en la comunidad latina de Estados Unidos.
La indignación se intensificó debido a las políticas migratorias impulsadas por el expresidente, especialmente considerando que los migrantes representan el 18.2 % de la fuerza laboral, según BBVA Research.
Ante el boicot de consumidores, Coca-Cola se vio obligada a tomar medidas para mitigar el impacto negativo en su imagen y ventas.
La compañía lanzó una estrategia de reconexión directa con los consumidores mexicanos en EE. UU., regalando bebidas en tiendas locales.
Al comprar una botella de 600 ml de Coca-Cola, los clientes reciben gratis otra bebida de su portafolio, como Sprite, Fanta o Del Valle. Esta campaña, enfocada en tenderos y puntos de venta comunitarios, evita el uso de influencers o redes sociales, donde la marca ha recibido duras críticas.
La controversia aumentó con la reaparición del vínculo entre Trump y Coca-Cola Diet, bebida que consumía frecuentemente durante su mandato. La marca ahora busca reparar su relación con la comunidad latina a través de acciones tangibles y cercanas, priorizando el contacto directo con el consumidor.








