José María Morelos
El 2025 traerá consigo un clima irregular para la Península de Yucatán, según el análisis de Bernardo Caamal Itza, ingeniero agrónomo con más de 30 años de experiencia en la región. Basado en las cabañuelas y los patrones meteorológicos observados, anticipa lluvias dispersas y de menor intensidad en comparación con los ciclos anteriores, lo que podría afectar la producción agrícola.
El experto explicó que, a diferencia de 2024, cuando las lluvias fueron más constantes y los ciclones tropicales fueron un factor notable, las precipitaciones de este año se caracterizarán por su irregularidad. Mientras que Quintana Roo podría registrar más lluvias que Yucatán, los efectos no serán generalizados, lo que complica el manejo tradicional de los cultivos que depende de ciclos de lluvia predecibles.
Caamal Itza señaló que el repunte de lluvias se espera para junio, pero coincidirá con la llegada de la canícula, un período de sequía estacional que reducirá las precipitaciones y podría impactar negativamente a los cultivos. Además, la irregularidad de las lluvias podría favorecer la proliferación de plagas, un factor adicional de riesgo para los productores locales.
Como solución, recomendó el uso de semillas nativas de ciclo corto, como la pepita gruesa, que se adapta mejor a las condiciones climáticas cambiantes. Estas semillas pueden sembrarse a finales de abril o principios de mayo, antes de la llegada de la temporada de lluvias irregulares.
El especialista destacó que, ante estos desafíos, la adaptación de las prácticas agrícolas a las nuevas condiciones climáticas será clave para garantizar una producción resiliente en 2025. La clave está en aprovechar el conocimiento ancestral, combinándolo con estrategias modernas para hacer frente al cambio climático.








