Estas son sus vivencias

La madrugada del 2 de marzo fue la peor a la que se tuvo que enfrentar Paola Falcetta.

Fue ella quien se percató de que la respiración de su madre se detenía por completo a causa de la covid-19 en un hospital de Porto Alegre.

A Italira Falcetta da Silva, de 81 años, la habían ingresado para una una cirugía cardiovascular a finales de enero, pero contrajo el coronavirus. Tras semanas en el área de aislamiento ―y ya sin el virus―, la trasladaron a planta, desahuciada. El equipo médico creía que las posibilidades de recuperación eran mínimas.

“Ya no era candidata a intubación. Era mayor y no había camas en la UCI. Me dijeron: ‘No hay ningún equipo que podamos usar para tu madre”, cuenta Falcetta, trabajadora social. Italira es una de las más de 400.000 víctimas de la pandemia en Brasil.

Ahora, su hija se une a las decenas de familiares que han perdido parientes a causa de la enfermedad que van a exigir responsabilidades al Gobierno de Jair Bolsonaro.

Organizados bajo una asociación, demandan políticas públicas y señalan la negligencia del Ejecutivo en la tragedia. “He transformado mi luto en fuerza para impedir que otras personas pasen por lo mismo. Es una injusticia tremenda. Brasil ya ha vivido muchas, pero esta viola derechos de todos los grupos de edad y clases sociales. Alguien tiene que pagar por ello”, dice.