Desde el inicio de la pandemia por el coronavirus, se empezaron a desarrollar las vacunas para contrarrestar su impacto.
Se autorizaron para uso de emergencia con el fin principal de reducir las complicaciones y las muertes si las personas eran expuestas a la infección por el coronavirus.
Pero surgieron las variantes del virus, un fenómeno natural que ocurre porque los microorganismos van teniendo mutaciones a medida que circulan entre la población humana.
Algunas de esas variantes no son de importancia. Pero otras sí tienen interés o despiertan preocupación por la posibilidad de que sean más transmisibles y reduzcan la protección otorgada por las vacunas ya autorizadas.
Pese a la detección de las variantes, hoy las diferentes autoridades sanitarias y las sociedades científicas y médicas recalcan la importancia de recibir las dos dosis de las vacunas contra el COVID-19.
Si bien hay una posibilidad mínima de que las personas inmunizadas adquieran igualmente la infección, las vacunas reducen significativamente la probabilidad de que desarrollen cuadros graves que requieran hospitalización y que mueran.
Un estudio publicado recientemente en la revista New England Journal of Medicine, que fue realizado en los Estados Unidos, demostró que las vacunas de las empresas Pfizer y BioNTech, y la de Moderna tienen un 91% de efectividad en la prevención de la infección por Covid-19 con dos dosis y un 81% después de una dosis.
Entre los participantes del estudio sobre las vacunas de ARN mensajero, la carga viral media fue un 40% menor en los participantes vacunados parcial o totalmente en comparación con los no vacunados. Además, el riesgo de síntomas febriles fue un 58% menor y la duración de la enfermedad fue más corta, con 2,3 días menos de náuseas en la cama.







