José María Morelos, Quintana Roo – En los rincones más remotos de José María Morelos, donde la selva es un laberinto de verdor, persisten creencias populares que han acompañado a generaciones de habitantes. Una de las leyendas más enraizadas es la de los espíritus del monte, quienes, según los más mayores, se llevan a los niños que se pierden en la espesura.
María Isidra, una mujer que ha vivido toda su vida en cafetalito, compartió su visión sobre esta creencia. “Cuando los niños se perdían en el monte, la gente decía que los espíritus los llevaban. No era solo un accidente; era como si el monte tuviera poder sobre ellos”, explicó.
Para la gente de antaño, el monte no solo era un lugar peligroso, sino una entidad con voluntad propia, capaz de atraer y guiar a aquellos que se adentraban en sus entrañas.
“La gente temía que los espíritus los guiara lejos de sus casas, y muchos creían que, al regresar, los niños no eran los mismos”, relató. A veces, cuando los pequeños regresaban, mostraban un comportamiento extraño o hablaban de cosas que no entendían los adultos, lo que reforzaba la creencia de que algo sobrenatural los había tocado.
Uno de los relatos más impactantes que compartió fue el de una niña que se perdió y, tras ser encontrada, regresó sin decir palabra alguna. “La niña volvió caminando, pero no hablaba. Decían que los espíritus la habían llevado y que ella había visto cosas que los demás no podían comprender”, recordó.
Además de los espíritus, los animales misteriosos tienen su propio lugar en estas historias. Doña María relató cómo su familia, al buscar a un niño extraviado, se encontró con el “Way Pek”, dicen que los perros negros son espíritus guardianes del monte”, comentó.
Aunque las nuevas generaciones ya no creen en estos relatos con la misma intensidad, para Doña María y muchos otros, el monte sigue siendo un lugar sagrado, lleno de secretos y fuerzas que aún no comprenden completamente. “Hoy ya casi nadie cree, pero nosotros sabemos lo que pasa. El monte tiene poder”, concluyó.









