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RASTROS DE CAÑA: La huella imborrable de un legado azucarero en Cafetalito y Kancabchen

En las tierras del Ejido Cafetalito y Kancabchen, ubicadas en el municipio de José María Morelos, Quintana Roo, el cultivo de la caña de azúcar fue un pilar agrícola fundamental, especialmente durante la época colonial, cuando los españoles introdujeron esta planta con fines productivos y comerciales. Aunque hoy este cultivo desapareció considerablemente, las huellas de su legado siguen marcando tanto el paisaje como la memoria colectiva de sus habitantes.

Durante años, la caña de azúcar fue el eje económico de la región, y los colonizadores españoles trabajaban intensamente en su cosecha y procesamiento a través de los tradicionales trapiches, grandes máquinas de madera y hierro donde se extraía el jugo de la caña. Este jugo se transformaba en productos como dulce, miel de caña o aguardiente.

Los vestigios de ese proceso siguen siendo visibles en la región: antiguos fogones y trapiches abandonados son testigos de un pasado productivo.

Eduardo Herrera, vecino del Ejido Cafetalito y con 70 años de edad, recuerda que la caña de azúcar fue, en su tiempo, una fuente importante de trabajo para los campesinos mayas. Don Eduardo llegó a estas tierras a los 6 meses de edad, y aunque el cultivo de caña nunca fue una fuente directa de sustento para su familia, sí fue una de las bases del trabajo de los mayas antiguos.

Las condiciones de trabajo eran duras, especialmente en los tiempos coloniales, cuando los campesinos mayas laboraban bajo el sistema de encomienda, y el trabajo era forzado para los nativos.

Sin embargo, el paso del tiempo y diversos factores como la modernización, la escasez de apoyo institucional y las nuevas políticas agrícolas hicieron que el cultivo fuera perdiendo terreno. Hoy, aunque algunos campesinos aún cultivan caña a pequeña escala, la falta de infraestructura adecuada y las barreras burocráticas dificultan su procesamiento y comercialización.

El deseo de revivir este cultivo persiste, sobre todo entre los mayores, que recuerdan con cariño los tiempos en que las tierras de Cafetalito y Kancabchen fueron un bastión azucarero. A pesar de los desafíos, la caña de azúcar sigue siendo un símbolo de resistencia y de la lucha de las generaciones pasadas, y con el apoyo adecuado, podría encontrar nuevamente un lugar en la vida agrícola de la región.

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